A raíz de un vídeo que se ha publicado por Instagram (lo puedes ver pinchando aquí), ha surgido un poco de debate sobre si contarle o no a nuestros hijos sobre su alta capacidad intelectual (superdotación).
En el vídeo se comenta que depende de cada caso, que si el niño/a va bien y no tiene ningún tipo de problemática, decírselo no tiene sentido ya que podría ser contraproducente creando ciertas expectativas sobre el niño/a. También se define la alta capacidad como una capacidad superior a la media «y nada más». Por lo tanto es entendible que si partimos de esta base, aparentemente no sea importante contarles sobre ello.
Y esta ha sido mi contestación:
«Concuerdo con el mensaje general sobre adaptar la información y la forma de comunicarlo en cada caso.
Pero hay un matiz importante en el que no estoy de acuerdo: Ese nada más que comentas condiciona tu día a día y tu forma de razonar e interactuar. La ACI no es una capacidad superior a la media “y nada más”.
Aunque lo lleves bien, debes conocerte, saber cómo eres y funcionas. La diferencia se nota aunque la lleves bien, te acompaña en todas tus etapas y situaciones vitales. Si tus padres y el equipo de orientación tienen esta información es un derecho del niño saberlo y que le ayuden a entender lo que comporta de forma equilibrada. Ni más ni menos.
Las expectativas y posibles problemas asociados a lo que rodea la etiqueta son derivados de la conceptualización y lo que esperan los demás, por lo tanto si representa que los padres van a saber guiar correctamente al niño/a sin decírselo, también lo pueden hacer explicándole lo que implica tener esa capacidad superior sin caer en los clichés.«
Es imposible contar las cosas desde todos los puntos de vista posibles y por lo tanto siempre podemos sacarle punta a todo y matizarlo, en redes todavía más.
¿Pero se lo cuento o no?
Esto es una decisión familiar que no está de más que sea hablada por el equipo de orientación o los profesionales a los que acuda el niño/a.
Si el niño ha pasado una evaluación y por lo tanto hay una confirmación de ello, soy partidaria de contarlo pero siempre eligiendo el momento adecuado (igual pueden pasar años).
Se debe tener en cuenta que en efecto, hay situaciones en las que contarlo puede ser negativo y contraproducente. Algunos son, si el niño/a está pasando por una situación difícil, por ejemplo: de estrés, autoexigencia, perfeccionismo, etc., lo mejor será esperar e ir acompañando y explicando cómo es su forma de funcionar y sus implicaciones.
¿Por qué? Pues porque realmente la etiqueta de alta capacidad puede ir acompañada de muchos clichés que perjudiquen en esos momentos a un niño/a que lo que necesita es tranquilidad y comprensión y no más presión de la que ya tiene encima. Se podría decidir no contarlo si se teme que el entorno (escolar, familiar) no acompañe bien.
Hay adultos que no quieren tampoco tener la evaluación hecha por motivos parecidos tal y como escribí hace un par de años en esta entrada: No quiero saber si soy una persona superdotada.
Esto sucede por las expectativas que hay alrededor del tema, por lo tanto la importancia de ello no está únicamente en si se lo cuento o no, está en cómo se le cuenta al niño/a, lo que se le enseña y las posibles expectativas que haya sobre ello.
Por estos motivos también puedo entender que haya padres que elijan no evaluar a sus hijos.
Se debe poner el foco en su bienestar y en adaptar el mensaje a su edad, también en cómo vive esta diferencia.
Y lo más importante: es normal tener dudas y no querer fallar. Tomes las decisiones que tomes, lo haces lo mejor que puedes.
Toma esta entrada como unas pinceladas generales que te ayuden a pensar sobre ello, no como un consejo personalizado.
Si necesitas que te acompañe, no dudes en contactarme.

