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Aquí va una breve reflexión al aire sobre las altas capacidades y su asociación constante por el público general y las tendencias históricas e ideológicas de algunos países hacia la genialidad y el éxito de estas personas. Esto no es un ataque hacia las familias que tienen que lidiar con un montón de inconvenientes día a día para que se les escuche y puedan ver a sus hijos felices dentro del sistema escolar.

Estoy leyendo un libro que hace tiempo captó mi curiosidad, de Craig Wright, profesor de la universidad de Yale: «Los hábitos secretos de los genios«. 

Me está sorprendiendo la naturalidad y lógica con la que describe, entre muchas otras cosas, lo que se consideran prodigios, genios, cuales son sus diferencias y como en la sociedad estadounidense se le da una gran importancia a ese talento como expectativa. En sacar las mejores notas en el SAT (Scholastic Aptitude Test), (si hace falta mediante donaciones y/o una gran preparación mecánica) y cómo ese no acostumbra a ser el camino de las personas que finalmente se han considerado genios por sus aportaciones originales al mundo. Este tipo de personas a menudo son autodidactas y sacan sus propias conclusiones independientes.

La importancia de tener un mentor que te acompañe hacia el éxito

Aquí va el trozo (no es exactamente textual) que me ha motivado a escribir esto:

«Los mentores enseñan sobre el status quo y cómo imitarlo, pero no cómo crear algo nuevo. Tendrían que decir, desarrolla una visión diferente a la mía, ve y toma decisiones atrevidas, desafía. Pero así es como se crea la genialidad creativa y no es como se muestran los programas de desarrollo del talento y sus teorías, en los que hay una gran focalización en un solo tema y sacrificio para llegar a ese objetivo.

¿Albert Einstein tenía un mentor? No. Él despreciaba a sus maestros y ellos a él. Cuando se graduó de la universidad a los 22 años, había hecho enojar tanto a sus profesores que nadie quería escribirle una carta de recomendación.

La gran fama de unos cuantos prodigios como Picasso y Mozart (ambos con mentores muy exigentes que dejaron atrás) entre otros nublan nuestro juicio. Sus vidas sugieren que el paso de prodigio a genio es la norma, y que ser un prodigio es una pre condición necesaria para ser un genio. Pero la mayoría de los genios, como Einstein, tardaron en desarrollarse si se repasan varios casos, además de hacerlo de una forma variada.

¿Entonces porqué tanto baby Einstein? Porque hay una fuerte necesidad de designar a niños prodigio como maravillas cuyo vector ascendente podemos atar a nuestras esperanzas y ambiciones.

Y de hecho, para saciar este deseo, Disney en 2001 empezó a vender productos relacionados con “baby Einstein”, materiales educativos para niños en todo el mundo. Poco tardó en sacar baby Mozart o baby Shakespeare.

La expectativa? Que de prodigios y promesas salieran genios. El resultado fue decepcionante y Disney emitió una disculpa: la noticia aquí«.

Y leer sobre esto, me ha hecho pensar en cómo se relaciona tan directamente la alta capacidad con este tema. Es inevitable cuando hay por en medio características como un alto CI, una gran creatividad o unas buenas cualidades para el aprendizaje, una curiosidad desbordante… ¿Pero podemos elegir cambiarlo o enfocarlo de una forma en la que por fin se entiendan cuales son las necesidades reales y personales de estos niños?

Y también me ha hecho pensar: ¿En qué especie de cuento nos quieren meter con tanto desarrollo del talento, cursos, grupos especializados y horas y horas de extraescolares?

¿Mensajes contradictorios?

Podemos leer en muchos sitios relacionados con las AACC, que el objetivo no es este. Y tiene todo el sentido y razón. Pero por otro lado, no me quedo para nada convencida ya que al mismo tiempo se ven otro tipo de mensajes relacionados con el querer conseguir que haya un posible prodigio y, quién sabe, si eminencia en el futuro si se le da lo que necesita sumado a un poco de suerte, ahí es donde entrarían algunos de los modelos abstractos que no nos paran de imponer como mantra indiscutible en esta parcela de terreno.

Queremos que lo que se aplique es una atención individualizada por sus diferencias personales cuantitativa y cualitativamente distintas, pero al mismo tiempo les llamamos los más capaces.

Usamos términos como «desarrollar al completo todo su potencial«, «explotación de sus talentos al máximo» frases que se pueden interpretar de una forma muy libre, pero también queremos que sean personas emocionalmente felices que entiendan sus diferencias y su intensidad.

He leído en diversos lugares cosas como: son el futuro de nuestro país, los solucionadores de los grandes problemas de la humanidad etc.

¿No es esto una carga bastante grande a quien le coloquen esta etiqueta desde niño? ¿No es una fuente de culpabilidad y exigencia si crees que no sigues los estándares que se esperan de ti? ¿No provoca esto todavía más confusión dentro y fuera del colectivo?

Miremos estas frases desde fuera, sin entender este rasgo desde dentro: ¿de verdad no parece que lo que se quieran son baby Einstein? Que lo que se busque es a ese prodigio y futuro genio. Como se dice en diversos papers y blogs de expertos reconocidos: «la alta capacidad es un rendimiento superior en una o más áreas que son bien valorados dentro de una cultura«.

Y entonces nos encontramos mensajes como estos: Son los padres que lo estimulan, pobre niña seguro que no tiene infancia, todos los padres piensan que su hijo es un genio, si tan inteligente es blablabla…seguro que se te ocurren más. Aquí un ejemplo:

Por eso es muy importante parar y pensar de qué queremos hablar cuando hablamos de altas capacidades. Y saber hacer las distinciones adecuadas entre unas cosas y otras para no seguir extendiendo mitos y estereotipos.

Photo by Rodrigo Souza on Pexels.com

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3 Comments

  • natxor dice:

    Parece que una sociedad desquiciada lo traslada también a los niños. Después tratamos de poner parches y listo.
    Si basamos los estudios, después el trabajo y hasta el ocio en una insana competencia, es normal que las personas estén estresadas y sufran.
    Y si ademas lo trasladan a niños que pueden tener más potencial, cargándolos de espectativas y exigencias, pues apaga y vámonos.
    Muchas veces además un cerebro más «potente» por así decirlo, también siente más, y por tanto sufre más con estas exigencias. Precisamente su cerebro lo que menos necesita posiblemente es que lo encasillen y guíen por un camino que probablemente no será de su agrado, ya que no suelen gustar de seguir caminos marcados, y menos con altas exigencias que no comprenden.
    No sé, es complicado. Pero intentar «educar» en emociones (también a adultos) por ejemplo para empezar ayudaría a que luego cada uno vaya trazando su camino vital, de manera más «sana».

    Gracias por el ártículo tan interesante

    Natxo

    • Gracias a ti por comentar, no lo podrías haber dicho mejor. Justo ahora estaba repescando un vídeo del Dr. Russell donde comentaba que hay esta visión tan Norte Americana de que más hará mejor al niño (en exceso), y no es así. El entorno es muy importante y nutrir en todos los sentidos es muy necesario, pero hay límites.

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