En una sociedad obsesionada con clasificarlo todo, corremos el riesgo de simplificar perfiles que son profundamente complejos.
¿Qué ocurre cuando una misma persona combina habilidades brillantes con dificultades para conectar o gestionar estímulos? Muy a menudo, estas personas quedan en terreno de nadie.
A partir de la tesis de Isabelle Tremblay, esta semana salió publicado un artículo realizado de forma conjunta con Ferran en el que exploramos los matices que separan y conectan perfiles como el autismo, el TDAH y las altas capacidades intelectuales. Se trata de un primer artículo escrito de una forma breve y reivindicativa.
Reflexionamos sobre el valor y los límites de los diagnósticos, la importancia de un enfoque dimensional, y el riesgo de que, sin detección temprana, muchos perfiles queden invisibilizados.
Porque un diagnóstico no es una etiqueta, es una oportunidad para comprender, sostener y acompañar.
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