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En este periodo estival y bien caluroso el cuerpo parece que de forma natural es invitado a descansar, salir, ir a dormir más tarde y a realizar actividades un poco más relajadas o que se salgan de la rutina, como ir de vacaciones u otras actividades.

Y aunque la desconexión es muy necesaria, hace unos días al leer algunos artículos por RRSS pensaba que también debemos ser productivos y efectivos a la hora de saber parar y desconectar.

Hay pautas generales que nos pueden servir más o menos a todos, pero no te dejes arrastrar por lo que representa que deberías hacer y respira lo que necesites.

Es un tema ya muy hablado y explotado, cómo nos recomiendan realizar un descanso o vacaciones productivas, sin parar de hacer cosas o yendo a muchos sitios, pareciendo que llevar un ritmo tranquilo o hasta no marchar fuera, es una forma de desperdiciar el tiempo.

Descansar en tu momento vital actual tiene que ser lo que te vaya bien a ti, podemos buscar opciones e ideas, que hay miles, pero al final deben ser adaptadas a nuestras necesidades y posibilidades.

Y esto me lleva al siguiente tema que hacía tiempo quería hablar sobre él:

¿La meditación es para todo el mundo?

Hace mucho tiempo que tenía ganas de hablar sobre mi experiencia personal practicando meditación y al final la idea ha ido evolucionando en mi mente para terminar haciendo esta reflexión.

No hace falta que ponga por aquí la cantidad de estudios que se han hecho, como la de especialistas (profesionales de la salud, personas que se dedican a estas prácticas profesionalmente, los movimientos orientales «puros», documentales…) que hablan de los inmensos beneficios de la meditación o la atención plena en el momento presente, que no son lo mismo en esencia.

Realizar esta práctica nos puede resultar beneficioso a muchos de nosotros, pero también se deben conocer las otras caras que nos podemos encontrar y ser informados si lo vamos a realizar bajo algún tipo de supervisión.

Practicar el estar presente en las acciones que realizas en tu día a día (cuando vas por la calle, friegas los platos, mientras comes…) puede ser un gran ejercicio para volver al aquí y el ahora. Disfrutar de los pequeños momentos y volver a ritmos reales de la vida que con los ritmos de trabajo, de las nuevas tecnologías y de las posibles preocupaciones a pasado o futuro nos dejan anclados en una dimensión paralela y de conflictiva desconexión.

Sin buscar la perfección, no podemos estar siempre en el momento presente o pretender que no tengamos todo tipo de pensamientos, nuestra mente también necesita de divagación.

Y no es lo mismo que una relajación guiada presencial o de YouTube, sentarte un cojín a meditar, respirar y dejar pasar tus pensamientos durante horas, practicar la contemplación a través de observar el paisaje que tienes delante, que rezar con un objetivo focalizando tus pensamientos hacia algo concreto, o bien empezar un protocolo psicoterapéutico bajo la supervisión de un profesional de salud.

Igual que los que nos incitan a disfrutar de nuestros descansos de una forma concreta, el meditar se convierte en un objetivo productivo con el cual conseguir ese tan deseado estado mental de bienestar absoluto.

Nos venden una forma productiva de meditación y atención plena buscando ese deseado bienestar.

No a todo el mundo le sirve o le va bien meditar sentándose en un cojín por ejemplo. Existen también inconvenientes en practicar la meditación pura y dura sin tener en cuenta las posibles consecuencias negativas, que también están descritas en artículos (como son el tener más ansiedad entre otros). Dependerá mucho del momento y si se tolera bien, de las necesidades propias. Porque meditar al estilo más original, es incómodo y puede llegar a ser muy desagradable.

De hecho, este artículo de New Scientist Meditation and mindfulness have a dark side that should not be ignored, say psychologists Miguel Farias and Catherine Wikholm explica lo siguiente:

«Técnicas como la meditación trascendental y la atención plena se promueven como formas de calmar la mente, aliviar el dolor y la ansiedad e incluso transformarte en una persona más feliz y compasiva: panaceas naturales sin efectos adversos.

Pero la felicidad y quitarse el estrés no fueron para lo que se desarrollaron originalmente las técnicas de meditación, con sus raíces budistas e hindúes. El propósito de la meditación era mucho más radical: desafiar y romper con la idea de quién eres, sacudiendo el sentido de ti mismo hasta lo más profundo para que te des cuenta de que “no hay nada ahí” (budismo) o que no hay una diferenciación real entre tú y el resto de la gente, el universo (hinduismo). Así que tal vez no sea tan sorprendente que estas prácticas tengan desventajas.«

¿Conocías este propósito y las intenciones reales detrás de la meditación original?

Un objetivo muy potente y que no tiene que ser ni el que buscan muchas personas cuando leen y escuchan hablar sobre la meditación, ni el que necesiten en estos momentos si lo que buscan es otra cosa.

Y eso fue con lo que me encontré en mi caso hace 9 años, cuando pasé de hacer algunas meditaciones guiadas o practicarlo yo sola unos minutos en casa a ir a practicar y encontrarme cara a cara con el propósito más radical de la meditación, un espejo duro y sin filtros que te pone de bruces con tu propia realidad.

En la segunda parte de esta entrada hablaré sobre mi experiencia personal y lo que aprendí después de meses sentándome a meditar enfrentándome a la incomodidad y a mí misma. También comentaré algo que a veces he escuchado y leído salir a debate: ¿Las personas superdotadas deben practicar la meditación o no lo necesitan?

Photo by mali maeder on Pexels.com

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