Este texto lo escribí en catalán, hace muchos años. La persona de la que iba de la mano y de la que hablo es mi abuelo. Dice así:
«Había ido toda la mañana sin pensar dónde me exponía realmente el destino de ese trayecto.
Cuando entré en el recinto, una nube de calor me rodeó. No me quité el abrigo en todo el rato, no lo necesitaba aún la calor.
Nada más verlos a todos, me enganché a su mano. Era firme y aunque de vez en cuando flaqueaba, me la apretaba para mantener más contacto. Estábamos en silencio y no hablábamos.
Desde la otra habitación podía ver el mármol y los cristales que estaban montados en la otra sala. Unas coronas de rosas rojas y blancas junto a mensajes de eternidad.
¿De eternidad…eternidad? De eternidad hasta que las palabras, hechos y recuerdos queden olvidados y desaparecidos junto a todas las personas que hacen la promesa del recuerdo constante.
Al entrar en esa otra sala, juntos con la mano cogida, avistamos mejor el interior. Aquellas bonitas rosas velaban especialmente por la persona que estaba tumbada dentro del cristal, en una caja de madera bien pulida.
Observé las manos blancas que descansaban plácidamente y puestas estratégicamente en esa posición tan poco natural.
Intentaba notar los latidos del corazón de la persona a la que cogía la mano, pero no le noté el pulso.
Parecía que durmiera.
Con los ojos cerrados, y bien maquillada, esa persona sin vida era el centro de atención de esa sala y la anterior.
La cara tan bien maquillada, la muerte, disimulada en un intento de hacer cobrar vida a esa persona. En su piel sin calor, fría y ya sin fluidos internos en movimiento que a pesar del maquillaje, de alguna forma se hacían evidentes.
La sensación de atracción hacia la muerte y el rechazo del pensamiento me hacían hacer muecas escondidas.
Las lágrimas le brotaron por la cara y yo le di un fuerte abrazo. Hice el esfuerzo de decirle lo que pensaba desde hacía un buen rato, pero antes que todo, de nuevo le cogí la mano y le miré los ojos vidriosos.
- Estas cosas no se pueden predecir.
Le dije mientras se secaba los ojos y nos apretamos más, me hizo que sí con la cabeza.
- Y es que debemos recordar los buenos momentos vividos y no la visión de ahora.
Estuvimos de acuerdo. Y sinuamos una mejora anímica.
- Se debe vivir hasta que se muera.
Vaya obviedad, ¿No?»
Esa forma de expresar el amor que para mí era tan especial, la disfruté siempre secretamente cada vez que teníamos ocasión. No tengo palabras para expresar lo que significa ese vínculo y así hemos estado hasta el último momento. Mi corazón está lleno de amor aunque también un poco triste.
Voy a seguir sintiendo siempre el calor y la fuerza de tus manos.

Un entrañable relato de amor
Que relación tan especial, y como se transmite en pocas palabras. Te acompaño el sentimiento, amiga mia