Ayer mi abuela me contaba cómo con 8 años se tuvo que poner a trabajar después de morir su padre de forma repentina. Desde entonces, nunca paró de trabajar, ni siquiera cuando tuvo hijos, tampoco cuando estaba enferma.
Cada vida y cada familia es un mundo. Pero escucharla me hizo pensar en varias cosas. Después de pasar ese rato juntas me fuí en metro mientras pensaba en la conversación que habíamos tenido.
Miraba a mi alrededor, la gente sentada, de pie, en movimiento, viendo como la mayoría estábamos con el móvil o los auriculares, alguien hablando por teléfono o haciendo notas de voz, mirando Tik Tok, sin tener margen para mirar si la persona que había de pie enfrente de nosotros necesitaría nuestro asiento por edad o algún otro motivo.
Pensé en la suerte que tengo, en concreto por la familia que me ha tocado y en general porque vivimos en un momento mucho más dulce en cuanto a oportunidades y derechos, aunque haya todavía mucho por seguir mejorando. El acceso a la educación, a becas, mejor sistema de salud gracias a los avances agigantados en medicina y teconologías…largo etcétera de lo que se nos ocurra.
Si antes la vida estaba difícil por unas cosas, ahora lo está por otras distintas, nos enfrentamos a nuevos retos, antes eran otros.
Y la frase que mi abuela me repite, que a su vez ella aprendió hace más de 80 años atrás sigue teniendo todo el sentido del mundo: «Del cielo hacia abajo, se vive del trabajo».
Una forma de decir también que no nos podemos dejar de esforzar ni bajar la guardia en esta vida. Porque así funciona el mundo aunque éste cambie.
Y desconozco si para ti, que me estás leyendo tiene algún sentido, pero conecté esto con el tiempo libre del que ahora podemos disfrutar con infinita variedad de opciones y con un pequeño librito filosófico que me empecé a leer llamado La Sociedad del Cansancio. Ahora además de trabajar para comer también somos esclavos del ocio y de los resultados.
Realmente cuesta no hacer nada. Cuesta no rendir cuentas a las redes sociales ya sea por ocio o por negocio. Cuesta no terminar mirando el móvil o alguna plataforma de streaming de forma excesiva. Llenos de estímulos atractivos somos esclavos de la inmediatez. Aparecen nuevos problemas emocionales, psicológicos y sociales que son fruto de este nuevo siglo.
Nos tocará ir lidiando con ellos para seguir avanzando, nuestros pies tocan la tierra, no la nube en la que vivimos inmersos, aunque ahí sucedan muchas cosas.

