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El otro día hice un bizcocho de esos de toda la vida. Con yogurt y medidas 4, 3, 2, 1. Pero me apetecía innovar, así que le metí plátano triturado a la masa, puse trozos (bastante gordos) de manzana también en la masa y para terminar pepitas de chocolate negro.

Todo iba bien, iba a ser un éxito. A los 20 minutos en el horno, le pinché un palillo y parecía todavía un poco crudo pero ya casi estaba, así que lo tuve 10 minutos más. Lo pinché unas veces más y parecía casi hecho, así que apagué el horno para que terminara de hacerse solo.

Al volver unos minutos más tarde y para mi sorpresa, me encuentro que el bizcocho se había quemado bastante por la parte de arriba y que se había partido por un lado en horizontal, por donde le salía masa cruda casi a borbotones. Ya no tenía un bizcocho, ahora tenía una especie de boca con lengua. Eso ya no había por dónde cogerlo y arreglarlo. Pero lo intenté y este fue el resultado final:

La sabiduría del bizcocho quemado

Me pareció bastante divertido porque el bizcocho casi adquirió vida propia durante un rato. Y mientras lo desmoldaba y se me partía por la mitad, me resbalaba a causa de la manzana que le puse en la base y se me volvía a caer en el plato pensé: este bizcocho es como muchas situaciones en la vida.

Tiene muy mala pinta, PERO HUELE FENOMENAL.

No me lo comería por la vista pero sé que lo he hecho con buenos ingredientes. Lo probé caliente y estaba muy bueno. Y así nos pasa con muchas situaciones cotidianas, nos pasan cosas que a simple vista no tienen buena pinta o no nos gustan pero una vez te adentras en ellas, le das la oportunidad, no importa lo que aparentara al principio, vale la pena.

O bien intentamos cosas nuevas y nos salen mal, pero mira, es gracias a ese ensayo error que finalmente das con la receta, la técnica o los utensilios que necesitas correctos. No tienes que tirar todos los pasteles que hayas hecho por en medio porque están igualmente buenos y aprendes haciéndolos.

Qué tiene que ver este bizcocho con tus hábitos

Le enseñé una foto del pastel a una amistad que justamente me estaba diciendo que le daba una pereza muy grande salir al gimnasio. En esos momentos se me iluminó la máquina de hacer memes (de esos que sólo le hacen gracia a uno mismo)

Somos de costumbres y nuestro cerebro busca siempre optimizar el máximo posible. Así que puedes tener hábitos adquiridos en tu día a día que no son los que mejor te van o los que más te convienen. Y lo sabes.

Pero ya forman parte de tus costumbres y por lo tanto aunque algunos puedan provocar a corto o largo plazo cierto malestar o disonancia, son atractivos.

Crear nuevos hábitos y salir de la zona de confort a veces se puede ver poco atractivo. Quedarte en el sofá un rato más es esa tarta perfecta y deliciosa, en cambio, levantarte e ir al gimnasio tiene la pinta de un bizcocho quemado. Irte a dormir tarde para levantarte temprano. Leer en vez de mirar Youtube. Dejar de mirar tanto el móvil frente a pasar más rato con tus pensamientos.

Con lo que tu cerebro de costumbres no sintoniza en esos momentos mientras tomas la decisión ya conocida, es que una vez lo hagas te va a terminar gustando. Es cuestión de tiempo y adherencia, es darle esa oportunidad, por algo te lo has propuesto.

Así que cómete ese pastel aunque no tenga buena pinta, ¡Te va a gustar! Que te lo has hecho con mucho amor y buenos ingredientes. Y si no está bueno, te haces otro que sea comestible, no pasa nada.

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