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No será la primera ni la última vez que hable de esto, parecería que cada vez más nos escudamos detrás de etiquetas diversas para definirnos a nosotros mismos sin que haya una cierta reflexión detrás.

Estaba leyendo este libro, relacionado con la iniciación como psicoterapeuta que me recomendaron los compañeros del máster general sanitario y que me pareció interesante y con buenas críticas para leer a ratos libres.

Y la autora ha sacado el maravilloso temazo del que tantas personas hablamos: las etiquetas, autoimpuestas o impuestas por un profesional o gente de tu alrededor y como ello puede llegar a ser desesperanzador y autolimitante.

Ya sabemos que las etiquetas desde un punto de vista médico, de salud mental y educativo son de debate muy extenso, con muchos pros y muchos contras. Todo dependerá de su uso y un largo etcétera en el que ahora no quisiera entrar al no ser el tema exacto al que quiero llegar.

Lo que me ha llamado la atención de lo que estaba leyendo, ha sido el ejemplo de que hay etiquetas o juicios negativos que se viven como algo eterno e inamovible: «es crónico». Y es verdad, lo dificultoso que puede ser cambiar algunos patrones negativos de tu vida cuando alguien con peso profesional, gente de tu alrededor o tú mismo te suelta cosas como: «Eres fóbico y depresivo, nunca consigues nada, soy un vago».

Le damos un gran peso a las palabras que nos afectan y podemos llegar a creernos algunas cosas diciéndonos a nosotros mismos: «lo mío es algo crónico, soy así, no hay remedio». Eso no favorece el cambio hacia algo constructivo y positivo.

Es por ello que debemos cuidar las palabras, es cierto que estoy hablando de una forma generalista, ya que hay cosas que realmente permanecen con nosotros por toda la vida, eso no quita que haya maneras de mejorarlo.

Que se puede llegar a esconder detrás de la etiqueta altas capacidades

Como ya sabes, mucho se puede extrapolar a otras realidades.

Es evidente que detrás de la palabra «altas capacidades intelectuales» o «superdotado» se esconden una infinidad de definiciones, conceptos y sobre todo, atribuciones de lo que debe ser o no debe ser este constructo y ello hace que exista cierto caos, y por último lo que nos digan individualmente sobre el tema y lo que nos digamos nosotros mismos.

Detrás de esta palabra y de esta identificación, se esconden motivos de entendimiento y alivio una vez se pone nombre a la diferencia. Pero al mismo tiempo se abre un abanico de condiciones que parece que deberían acompañar a la persona que ha sido evaluada como tal, a menudo, estoy viendo que este abanico de características se vive desde un punto de vista bastante negativo y limitante. Es por ello que cada vez me siento más incómoda con esta palabra y el uso que estamos haciendo de ella, me hace plantear muchas cosas.

Desde un «tienes un gran potencial, deberías estar en todo lo alto«, hasta un «nunca voy a ser feliz porque nadie de mi alrededor me va entender por mis diferencias».

Y por ahí, se pierde una gran escala de grises que son los que conforman nuestro día a día como personas, somos más, la alta capacidad se merece una mayor comprensión para mejorar tu día a día y no debe ser una excusa bajo la que esconderse para no cambiar o abordar temas que sí pueden ser tratados si se quiere, con la ayuda y las herramientas adecuadas.

No podemos escudar detrás de las altas capacidades intelectuales problemas que aunque puedan parecer comunes, en realidad tengan un origen distinto en cada persona, que en otras ocasiones si son graves o persisten de una forma que perjudican y crean un malestar lo mejor es realizar una evaluación a fondo por si se necesita abordar desde otras perspectivas. No todo vale bajo el «su potencial no está siendo atendido correctamente» o «no me supieron ver».

Yo personalmente sí que creo que hay puntos en común en las personas de alta capacidad aunque seamos todos distintos y que además se trata de un pilar importante de nuestras vidas marcando en muchas ocasiones diferencias que pueden terminar por ser incómodas si no se abordan correctamente.

Pero se debe entender la diferencia entre mantener un victimismo limitante debajo de la excusa de una etiqueta con entender una serie de características que sumado al resto de tu persona te hacen único y que vale la pena conocer y trabajar.

Agárrate de que vienen curvas con este tema

Photo by JACK REDGATE on Pexels.com

Y es que en su estudio longitudinal durante más de 3 décadas, Joan Freeman lo dice claramente:

«Era claro que los alumnos etiquetados como con altas capacidades tenían una mayor incidencia de problemas emocionales comparado con los no etiquetados pero idénticamente con las mismas capacidades«.

Pudo realizar un estudio con 3 tipos de grupos, el primer grupo era de niños con altas capacidades que en un inicio fueron identificados por sus propios padres, el segundo grupo eran niños con altas capacidades a los que se les realizaron las pruebas por igual, pero no supieron que lo eran. Y un último grupo de niños con CI estándar. Freeman sigue:

«Los no etiquetados pero igualmente de altas capacidades, sufrían menos, quizá porque era más probable que fueran aceptados como un ser humano en su totalidad más que como una máquina de aprender«.

Y dice cosas todavía más interesantes pero que tal vez no todo el mundo esté dispuesto a afrontar: Los padres con niños que identificaron a su hijo como de altas capacidades, se quejaban mucho más al colegio, decían cosas como que su hijo era demasiado inteligente como para jugar con otros niños de su edad y en efecto los niños etiquetados terminaban teniendo más problemas que el grupo como no identificado. También sentían mucha más presión por cumplir las expectativas de sus padres y su entorno, resultando en inmerecidas complicaciones emocionales.

Y otro dato revelador de su estudio: las largas entrevistas con los padres en sus propias casas revelaron que los niños etiquetados como con altas capacidades con dificultades emocionales tenían significativamente más problemas por circunstancias domésticas como divorcios, mudanzas, problemas de salud o experiencias adversas que podrían alterar a la mayoría de los niños.

Invito a leer entero su estudio y conclusiones, la intención es sacar un debate sobre la mesa y pensar qué estamos haciendo y promoviendo, pero no para culpar o autoculparse. Cada casa, cada persona es un mundo.

Con esto, es posible plantearse que no es la alta capacidad en sí misma la que causa muchas de estas dificultades a las cuales se le atribuye la responsabilidad principal, es su uso, los mensajes laxos que se dan y las presiones insospechadas a las que llegan algunos niños. Ojo con el poder que tiene la etiqueta y cómo se habla de ello. De hecho, la misma Freeman ya afirmaba hace años cómo los programas que se hacían en Reino Unido para altas capacidades no servían para nada, los quitaron.

Por eso es necesario que haya un consenso y se impliquen profesionales de distintas áreas. Delimitar el término y sus áreas de implicación a distintos niveles como por ejemplo cómo la alta capacidad afecta en los momentos de desarrollo cerebral, en el aprendizaje, emocional, psicológico y otros, y que de esta forma se centren bien los recursos y las fuerzas.

Perpetuar mensajes y visiones negativas, dramáticas o irreales hace un flaco favor a todo el mundo.

Dynamic Earth – Ocean Currents by NASA Goddard Photo and Video is licensed under CC-BY 2.0

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